Cuarenta y ocho vueltas son suficientes para ver estrellas; el 19 de junio de 1963, Valentina Tereshkova caía del cielo.
Su descenso fue abruptamente acondicionado por el abrir de su paracaídas; muy cerca, la cápsula espacial siguió entregada a la gravedad. Cuando la gaviota rusa tocó tierra, llegó como la primera mujer en visitar el espacio exterior, habiendo hecho historia.
Mientras tambaleaba por las náuseas y su sonrisa de orgullo tiraba a muecas, entre vítores, los encargados de la misión y los periodistas corrieron a su encuentro. Sus palabras terminarían en los titulares, sin lugar a dudas. «Un pequeño paso para la mujer, un gran salto para el feminismo», pensó. Era una buena frase, ¿debería decirla? Tal vez no.
Lo que hizo tenía voz propia.
Datos biográficos: National Geographic
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