Arte

Aquí en la oscuridad,
aún con ojos cegados,
con trazos verde París,
pintaré algunos cuadros.

Pintaré sobre el vacío,
el vacío en mi corazón.
Mi alma será el lienzo;
mis trazos sin ton ni son.

Humedeceré mis dedos
llevándolos a mi lengua;
habré tomado un libro
y así pasaré la página.

Terminará un capítulo
del libro que es mi historia,
y ahogado será en azufre
lo que queda, mi memoria.

Y, como último acto,
cantaré una canción
en mi lecho escarlata,
do yace mi corazón.

Será una oda melodiosa;
lejos, llevada por el viento.
El cantar de esta ave herida
acabará con su último aliento.

Habré pintado con los dedos,
sí, me habré ensuciado;
es por eso que mi final
por el fuego será marcado.

Esta noche pintaré cuadros
con trazos verde París.
Cielo, antes de que lo haga,
por favor, dame otro matiz.


§°*§*°§


Parte del poemario Versos de hueso.

© Todos los derechos reservados.

El susurro de sus alas


Hay belleza en la muerte,
confesé aquella noche.
Los pétalos temblaron
de confianza en derroche.

Me acarició en la senda
un suspiro cual brisa,
trazó mis cicatrices
avanzando sin prisa.

Dilató mis pupilas
su mirar, zarza ardiente.
Sonrió cual medialuna
de esperanza bullente.

Y entonces me lo dijo,
de susurros ceñida:
si hay belleza en la muerte,
también lo hay en la vida.

Aguas turbias

¿Cómo te olvido, si,
oh, corriente continua,
acariciabas las costas
y a todo dabas vida?

Dispersabas al sol
en trazos de color.
Tu calma convertía
en murmullo el fragor.

Pero eso ha cambiado:
tu lecho invisible es,
tus aguas se mancharon,
ya seco está el ciprés.

Azotada por crueles vientos,
tus olas quiebran mi barca.
En la superficie, mi vista,
toda la madera abarca.

Tu lecho me encadena;
tus aguas, mudo testigo;
este peso me arrastra
al fondo; oh, mi castigo.

No sé cómo secarme.
La crecida ha pasado
pero los recuerdos no,
ellos se han quedado.

Has sido diluida pero
en mí sigues mellando,
y cada gota que cae
esta roca va horadando.

¿Por qué este dique?
¿No disfrutabas mi canto?
Ahora solo me queda
boyar en mi propio llanto.

Lo sé, es agua pasada,
por más sucia que esté.
Pero es difícil olvidarlo:
Mi corazón yo te entregué.


§°*§*°§


Parte del poemario Versos de hueso.

© Todos los derechos reservados.